Una sesión emocionante y segura

En muchas ocasiones cuando una mamá se va a someter a una ecografía surge una pregunta: “¿Puede hacerle daño a mi bebé?”. Es una duda muy lógica para alguien que se pasa 24 horas al día pensando en cómo proteger a su pequeño para que crezca de una forma sana y segura. Es la propia naturaleza, y esta pregunta le va a volver una y otra vez el resto de su vida ante cualquier nueva experiencia, más cuando se trata de algo que desconoce.
Tampoco es extraño pensar que una ecografía, que es na prueba muy usada en el ámbito sanitario, pueda causar algún efecto secundario. No en vano, en un hospital se realizan muchas pruebas y tratamientos (radiografía, TAC, radioterapia…) y se recetan medicamentos que los provocan.
Sin embargo, una ecografía es una “técnica sencilla, inocua e indolora, No implica una radiación ni exposición, por lo que es una práctica segura tanto para la embarazada como para el bebé”. Lo dice el doctor Miguel Ángel Herraiz Martínez, jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Clínico San Carlos y Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (1).
Pero, ¿qué es una ecografía? Si atendemos a su nombre etimológico, esta palabra procede del griego, y está formado por dos vocablos “eco” y “grafía”, es decir, «escribir el eco».
ULTRASONIDOS
En concreto, se trata de un procedimiento en el que se emplea el ultrasonido para crear imágenes bidimensionales o 2D, y tridimensionales o 3D. Cuando se define una imagen como 4D, no es más que la presentación de una sucesión de imágenes 3D en movimiento. Es decir, como un vídeo o una película. Y el 5D va más allá, aportando mayor definición, ofreciendo una imagen más realista y unos colores del bebé más naturales.
Veamos un poco más sobre cómo se consiguen estas imágenes. Cuando una mamá se va a realizar una ecografía le aplicarán un gel sobre la tripa y le pasarán sobre la piel una sonda o transductor, que es el encargado de emitir las ondas de ultrasonido.
Estas ondas sonoras se transmiten hacia la zona de estudio y se recibe su eco, que recoge el propio transductor y un ordenador lo convierte en una imagen que aparece en la pantalla.
¿Cuántas ecografías pueden realizarse?
Pues teniendo en cuenta el protocolo de embarazo de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), toda mamá se realizará en la Sanidad pública tres ecografías en 2D durante el embarazo. Una por cada trimestre.
La primera, en torno a las semanas 10 y 12, tiene el objetivo fundamental de conocer el número de fetos. También determinar el momento exacto en el que la mamá se quedó embarazada y la fecha probable del parto.
La segunda, entre las semanas 20 y 22, sirve principalmente para detectar el crecimiento fetal. También para determinar si hay malformaciones fetales, si bien muchas de estas ya se han descartado en la primera.
La tercera y última se realiza entre las semanas 30 y 34. Sirve principalmente para controlar el crecimiento del bebé, así como para detectar anomalías de aparición tardía.
Estas son las que se realizan en la Sanidad pública, atendiendo a dichas recomendaciones. Pero ¿se pueden hacer más? En realidad, toda mamá puede acudir a un ginecólogo privado a realizarse más ecografías.
Técnica inocua e indolora
Los propios ginecólogos insisten: es “una técnica inocua e indolora”, señala el doctor Eduard Gratacós, director de BCNatal, centro de medicina materno-fetal Clínic de Barcelona y Hospital San Joan de Déu. También es profesor titular de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Barcelona (2).
En su caso, trata de distinguir una ecografía cuando se usa como una exploración que genera un informe clínico, por un lado, de las consultas donde mediante un ecógrafo un especialista permite que los padres oigan el latido del corazón o vean la cara del feto, por otro.
El doctor se refiere así a los centros de ecografía emocional, donde el ecógrafo tiene un fin muy distinto al de realizar un diagnóstico médico. Este es el caso de Emociona 5D, donde no pretendemos sustituir las consultas del ginecólogo y siempre se informa a las mamás de esta circunstancia.
El propio doctor Gratacós considera que esta es una práctica “totalmente aceptable”, pero matiza acertadamente que “no contribuye a aportar datos que se usen en el seguimiento médico del embarazo».
También añade que hay embarazos que requieren más ecografías de las tres indicadas. Son los llamados de riesgo, donde esta técnica es la herramienta fundamental para seguir el crecimiento del feto, y en estos casos se hacen “tantas como sean necesarias”.
